Sobre el valor de lo invisible

Entrevista con Lluís Nacenta, profesor del Máster en Arte Sonoro de la Universitat de Barcelona

¿Qué es Arte? Esa misma pregunta me formulaba Oscar Martín, de Minipimer, durante la entrevista que mantuve con los miembros del laboratorio experimental la pasada semana. Y como dije entonces, esa será siempre una eterna cuestión, tan difícil de concretar como otras preguntas trascendentales que han acompañado al hombre desde su origen. En el caso de este interrogante, su particularidad reside en el hecho de que lleva implícita una segunda pregunta que pone sobre la mesa un debate de esos que pueden durar horas (y siglos): ¿qué es Arte y qué no lo es? Todos estamos de acuerdo que la pintura, la escultura o la arquitectura son disciplinas artísticas (aunque con determinadas obras, a veces cueste creerlo), porque así ha sido establecido y, quizás más evidente, porque podemos verlo con nuestros propios ojos. Materia física y mirada. Esa relación indisoluble es la que nos hace creer en algo. Lo invisible despierta demasiadas dudas. Así que o nos convencen muy bien y lo convertimos en eje de nuestras vidas (llámalo religión) o lo obviamos y seguimos atados al imperio de los ojos. Quizás por eso hemos olvidado la importancia del sonido. Quizás por eso nos cuesta entenderlo. Quizás por eso en la UB se imparte un Máster que reivindica el sonido como materia. Y también como Arte.

En esta ocasión, tengo la oportunidad de hablar con Lluís Nacenta musicólogo, crítico musical y comisario independiente, y uno de los responsables de que en Barcelona se haya dado el paso para reconocer en el sonido una historia, unos valores y una estética.

La primera pregunta es obligada: ¿por qué se puede considerar Arte el sonido?

Las cosas que acabamos considerando Arte, provienen de una tradición larga en la que se ha establecido un lenguaje que entendemos como artístico en aquel medio. En el caso del sonido, creo que hay que verlo desde otra perspectiva: es una materia con la que trabajan muchas otras Artes, como la poesía, el teatro o la música.

El Máster está dirigido a licenciados y profesionales del ámbito de las artes plásticas y la arquitectura, entre otros. ¿Qué relación puede tener el sonido con estas disciplinas?

El arte sonoro aspira a abarcar aquellas disciplinas que se desarrollaron en el pasado siglo, pero que se salen de la ortodoxia de la tradición literaria o la tradición musical, para relacionarse con la imagen, el espacio o la forma. Esto, lejos de ser un hecho esotérico es un hecho histórico concreto: después de las vanguardias históricas, los artistas plásticos comienzan a trabajar con el sonido y encuentran en éste un nuevo medio de expresión; respecto a la arquitectura, es más reciente, pero es inevitable no reconocer que tanto en la concepción del espacio como en el propio paisaje, la dimensión sonora es un factor de estudio crucial.

Pero a pesar de estos hechos históricos que lo avalan ¿por qué motivos el sonido no ha recibido el reconocimiento artístico que sí poseen otras disciplinas?

El desplazamiento que comentaba antes desde las artes sonoras hacia el resto de artes es relativamente nuevo si lo comparamos con tradiciones milenarias como las de la pintura y la escultura. Por otro lado, el enorme trabajo que se ha elaborado en el terreno de la música ha dejado relegadas las prácticas específicamente sonoras; éstas fueron acogidas, en su momento, por la pintura o la arquitectura, pero desde una perspectiva marginal. Y no deja de resultar curioso este tratamiento de inferioridad, porque, de hecho, si miras las producciones actuales de arte contemporáneo, verás que el sonido interviene en muchas: performances, vídeos, instalaciones, etc.

Hablemos precisamente de estas producciones: ¿hay alguna que sea una referencia en el terreno del arte sonoro?

Ahora me viene a la cabeza una instalación de Allora y Calzadilla: se trataba de un espacio completamente vacío, quizá con la única particularidad de que el techo era un poco bajo. De repente, empezabas a escuchar un sonido encima de tu cabeza y, finalmente, te dabas cuenta de que se trataba de un bailarín haciendo una danza en el piso superior. Lo encontré maravilloso, sobre todo porque era una instalación que, a pesar de utilizar una performance, apelaba claramente a la dimensión sonora. Los mismos Allora y Calzadilla presentaron en la Bienal de Venecia un cajero automático conectado a los tubos de un órgano; tú sencillamente sacabas dinero y la operación computacional que hacía la máquina se traducía en una señal de audio que partía del código escrito.

Destacaría estos dos proyectos en el terreno de la instalación, si hablamos del ámbito musical, quizás resaltaría la propuesta electrónica de un artista de aquí, Roc Jiménez de Cisneros. Todas estas propuestas son relativamente nuevas, después hay otras que ya forman parte de la historia del arte sonoro: un referente clave sería I am setting in a room, del Alvin Lucier, que está a medio camino entre la poesía sonora y la música experimental. O la pieza 4′ 33”, de John Cage, que ha acabado siendo un lugar común por su enorme celebridad.

Veo que el sonido ha inspirado a más de uno… ¿realmente influye mucho en nuestra percepción de la realidad?

Totalmente. Piensa por ejemplo, en el cine. El género de terror, tal como se practica, sin la banda sonora no sería lo mismo. El sonido es uno de los estímulos que más capacidad tiene de inquietarnos y ponernos en alerta. Y también de perturbarnos, hasta el punto de que ciertos sonidos te pueden hacer vomitar. Tiene una relación con la memoria comparable al olfato; una de las explicaciones que se da, aunque yo me la creo mucho, es que el sonido no pasa tanto por unas estructuras mentales. Los estímulos visuales, por ejemplo, están organizados geométricamente, mientras que el sonido es más difícil que se adapte a pautas tan regladas. Conecta más con las entrañas y eso le confiere una gran potencia expresiva y evocadora.

¿El sonido nos activa?

Es una fuente de energía, tanto si la escuchas conscientemente como si no. El filósofo Santiago López Petit, por ejemplo, se pone música de jazz a un volumen muy alto, y realmente no le está prestando atención, pero es un estímulo que él necesita para una desarrollar su actividad intelectual.

Bien, después de esta aproximación al sonido, pasamos a hablar del Máster Sonoro. ¿De dónde surge la iniciativa de crearlo?

La idea la tuvo Josep Cerdà, que es el director de los estudios. Cabe decir, sin embargo, que esta necesidad de crear el Máster se dejaba notar en el ambiente profesional y toda la gente que trabaja con arte sonoro reclamaba unos estudios reglados desde hacía tiempo. Se estaban haciendo cosas en la Universidad de Cuenca, en el País Vasco, en Barcelona, ​​en Madrid, pero eran pequeños reductos dentro de los estudios de Bellas Artes. Y Josep Cerdà aprovechó este interés general y lo tiró adelante.

El factor diferencial de este Máster es el desarrollo de proyectos personales: ¿de qué forma se gestiona la multiplicidad de propuestas?

Algo que nos obsesionaba desde el primer momento, es que unas prácticas que se han dado de una forma muy viva, quedaran regladas. Para decirlo claro: no nos queríamos convertir en un Conservatorio donde enseñar a los alumnos a reproducir modelos preexistentes. Al contrario, nos interesaba establecer una plataforma para que el estudiante pudiera desarrollar su labor creativa en diálogo con nosotros, pero sin nuestra dirección constante. Por eso resulta tan importante la participación de los alumnos para dinamizar la vida académica, aunque en paralelo, evidentemente, se imparten unos contenidos teóricos.

¿Se pretende que los proyectos del Máster tengan algún tipo de repercusión?

Nosotros estamos muy interesados ​​en que los alumnos salgan a la palestra, porque aunque dentro del espacio académico les podemos ofrecer la posibilidad de exponer su obra, al final resulta demasiado ficticio. Por eso, queríamos que se desplazaran hasta la comunidad artística con sus proyectos y que allí estos tuvieran la oportunidad de seguir evolucionando. La prueba más evidente es el evento del pasado viernes 10 de febrero aquí en Hangar; este encuentro ha permitido dar visibilidad al trabajo realizado y recibir feedback. Te puedo asegurar que gracias a la exhibición, todas las propuestas han experimentado cambios sustanciales, porque los alumnos han podido ver qué sirve, qué pueden explotar más y en qué se han equivocado.

¿Este modelo educativo es también pionero?

Bueno, de hecho es un modelo propio de los estudios de Bellas Artes, que son muy particulares. En la mayoría de facultades, sean de Literatura, Filosofía o Filología, lo que se enseña es la historia, pero no hay una facultad de Escritura, por ejemplo. En cambio los estudios de Bellas Artes, han quedado establecidos como un lugar de creación. Nosotros nos aprovechamos de esta lógica.

Una lógica que se resumen con el concepto “pensamiento en red”: ¿sería conveniente extrapolarlo a otros estudios universitarios?

Creo que sí, porque es una forma de disolver ciertas estructuras jerárquicas, organizadas por estratos y a menudo obsoletas, apostando por una red de conexión de nodos. A nivel de conocimiento, es necesaria también esta evolución. Se trata de un modelo tomado de Internet, de su visión horizontal, en el que los agentes están en un mismo rango. Y es cierto que en el aula yo no dejo de ser el profesor y ellos los alumnos, pero hay un margen de interacción amplio.

Hablando de los alumnos: ¿a qué se pueden dedicar una vez concluyen sus estudios?

La idea es que desarrollen una actividad creativa. La mayoría de los que han venido, lo que hacen es continuar un proyecto que ya hacían antes. Nosotros intentamos enriquecerlo y darle más posibilidades. También tenemos algún estudiante que nunca había expuesto nada y ahora tiene esta oportunidad. Ahora bien, una vez concluidos los estudios, el mercado del Arte está como está, pero de eso, creo que todo somos conscientes.

¿Hasta ahora qué tipo de proyectos se han desarrollado?

Mayoritariamente proyectos de colaboración, aunque también es cierto que llevamos 4 meses de máster, de modo que la mayoría de cosas que presentamos en muchos casos han empezado a desarrollarse antes y con la ayuda de personas externas a los estudios. Sin embargo, ya se han puesto en marcha proyectos que nacen estrictamente en el entorno académico y que esperamos que en el periodo de 1 año, 1 año y medio estén plenamente resueltos.

¿Qué instituciones os apoyan en ese proceso?

Son básicamente 3: la universidad de Barcelona, ​​el Arts Santa Mònica y Hangar. Sus implicaciones son bastante considerables, diferentes pero con papeles complementarios. La UB nos ha permitido existir proporcionándonos espacios y recursos. Por su parte, Arts Santa Mònica y Hangar sobre todo nos dan confianza, porque ceden sus instalaciones para mostrar el trabajo hecho en el aula.

¿Y qué profesores pasan por esas aulas?

Carmen Pardo, filósofa y psicóloga, y yo nos dedicamos sobre todo a la tarea de pensamiento crítico y de conocimiento de la historia del Arte sonoro. En el caso de José Manuel Berenguer, él es compositor, pero de un tipo de música que implica un conocimiento del sonido y de las herramientas muy detallado y muy profundo. Josep Cerdà se dedica principalmente a la instalación sonora y su docencia se centra en la historia y las técnicas de aquellas formas de escultura y de instalación en las que el sonido es una herramienta fundamental. Finalmente, Francesc Daumal es arquitecto y trabaja sobre las condiciones acústicas del espacio y los materiales. Como ves, nos hemos reunido una serie de personas con trayectorias diferentes que ponen a prueba lo que ya han experimentado en el terreno sonoro.

Filósofos, musicólogos, arquitectos… ¿el sonido se relaciona un poco con todo, no?

De hecho sí, y el Máster nace con esa ambición de poner el sonido en el centro. Generalmente en los estudios de Artes plásticas, el sonido puede ser una cosa curiosa, pero no deja de estar en un segundo nivel. Además resulta interesante comprobar como en ciertas instalaciones sonoras, el cuidado que se tiene respecto el sonido no es suficiente, porque no se emplean las herramientas adecuadas ni se tienen los conocimientos necesarios. Y se pueden dar casos tan flagrantes como que el artista quiera que se escuche un sonido y no sea así. El sonido no deja de ser una cuestión estética y hay que tenerlo muy presente.

Queda anotado. Finalmente, ¿qué esperas tú de este Máster?

Pues espero mucho: cada día, tengo ante mí una serie de artistas que han hecho un gran esfuerzo económico y personal, y esto pide de mí una gran exigencia. Por otra parte, debo decir que no sólo ellos son los beneficiados, sino que yo cada semana estoy en un campo de pruebas: todo lo que he escrito, he pensado, he leído se puede poner en duda y eso me estimula a seguir buscando. Y me gustaría continuar por este camino, poniéndome en contacto con nuevas vías de creación.

Esta conversación es de aquellas que cuando el entrevistado se despide de ti, sientes de veras que has aprendido alguna cosa. En mi caso, os puedo asegurar que llevo más de 1 hora con la orejas en estado de alta sensibilidad, intentando valorar el efecto que produce en mi cada pequeño sonido. Y resulta gracioso que haya tenido que esperar 22 años para que alguien me descubra que, efectivamente, el sonido es una materia de una riqueza sorprendente, capaz de evocar los mismos sentimientos que una pintura al oleo o una escultura de mármol. En el fondo, la materia, sea física o invisible, está a disposición de los hombres para que estos la moldeen bajo el dictado de sus deseos, sus sueños, sus ambiciones y sus frustraciones. Como me ha hecho ver Lluís, solo hemos de mirar un poco más allá y desentrañar las infinitas capas de significado de cualquier obra de arte que se nos ponga delante: su forma, su color, su contenido, su relación con el espacio y, a partir de ahora también, su sonido. Ese sonido que puede ser la nota que la dote de alma.

* Las imágenes que ilustran esta entrevista pertenecen a la presentación de proyectos del Máster de Arte Sonoro en Hangar, el pasado viernes 10 de febrero

+ info: http://www.ub.edu/masterartsonor/

Una entrevista de Adrián Pino