Sobre unas minipimer experimentales

Secuencia de los hechos: el becario de Hangar, osease yo, permanece frente a su ordenador tecleteando sin descanso. De repente, una puerta situada a pocos metros de distancia se abre, y el becario observa a un hombre barbudo con una especie de tetrabrik en la cabeza, que anda de un lado a otro de la sala parloteando algo que no alcanza a comprender. ¿Dispone Hangar de una chirigota exprimental? Ansioso por saber la respuesta, el becario consulta a uno de sus compañeros y el misterio queda resuelto: un laboratorio experimental de vídeo por Internet en tiempo real con toques de surrealismo tecnológico. Obviamente, en ese instante, mi miniyo retro avantgarde se despierta con unas enormes ganas de conocer a los responsables de tal invención.

Minipimer es el nombre de ese laboratorio y supongo que la palabreja les va como anillo al dedo, porque son capaces de montarte un día una performance con 15 artistas postsurrealistas en plan La última cena, para luego celebrar un taller de telepresencia con más cables por metro cuadrado que una central de telefonía del siglo XIX. Minipimer es eso: un universo catódicamente misceláneo en el que delante de la cámara puede ocurrir de todo. Eso sí: en estricto streaming. Para los menos entendidos: la montan muy gorda y tu puedes verlo al momento online, además de tener la posibilidad de comentarlo en su chat.

Siguiendo mi ronda de entrevistas en esta mi nueva casa, me ocupo esta vez de interrogar a Lucía Egaña, Laura Malinverni, Verónica Lahitte y Óscar Martín, miembros de este bizarro experimento llamado Minipimer

Lo primero: ¿por qué “Minipimer”?

Lucía Egaña: El significado de la palabra es doble: por una parte, porque se trata de un laboratorio experimental con la imagen y con la reutilización de materiales que pueden provenir de diferentes ámbitos. Del otro, porque el trabajo se desarrolla en un contexto muy doméstico, muy familiar, tanto en relación a la producción como a las formas. El resultado: una batidora audiovisual.

¿De dónde surge la idea de crear esa batidora audiovisual?

Lucía: En diciembre de 2007, se celebró en Hangar un taller que trabajaba la relación entre ética y estética a partir de un grupo interdisciplinario de personas: artistas, personas de ciencias sociales, otras que se dedicaban al audiovisual, etc. Al terminar el taller, Pedro Soler, que por entonces dirigía Hangar, hizo una propuesta general a los que quisieran mantener un grupo de streaming dentro del centro, para así sumarse a los grupos de Pure Date y Arduino que ya estaban operando. Distintas personas aceptamos la invitación y Hangar nos ofreció un espacio de trabajo y nos permitió tener acceso al material técnico.

¿Así pues, el streaming sería el valor distintivo del grupo?

Laura Malinverni: Sí, aunque sobre todo lo fue al principio. Luego tomamos otras direcciones: pasamos a ser un grupo de crítica y de estudio del pensamiento, empezamos a desarrollar pequeñas tecnologías… Ahora mismo el streaming es más bien un servicio técnico que ofrecemos.

¿Qué creéis que aporta esa tecnología a las obras y actividades desarrolladas en Minipimer?

Laura: La idea inicial era trabajar sobre la sensibilidad de otros medios de comunicación que no fueran mainstream y experimentar con esta tecnología, de modo que todo el mundo tuviera un acceso fácil y pudiera probarla. Se trata de innovar: una tecnología concebida para tranferir audio y vídeo se convierte ,de repente, en una herramienta de documentación y de periodismo ciudadano, por ejemplo.

Lucía: Usamos el streaming tratando de no repetir formatos periodísticos tradicionales y para probar con la producción en tiempo real. Queríamos descubrir como se podía emplear eso, por ejemplo, para alguna actividad artística o performativa, quizás menos políticas, pero con esa voluntad de experimentar que define a Minipimer. Por lo general, el streaming se relaciona con los medios de comunicación, y aquí queríamos darle una oportunidad creativa.

¿Hay algún antecedente similar a Minipimer?

Lucía: En la misma sala que nosotros usábamos en un inicio había estado Radio Paca, que era un proyecto de radio, también con herramientas libres, y por otra parte, se podría mencionar a GUISS (GLOBAL INDEPENDENT STREAMING SUPPORT), un proyecto que Hangar apoyó mucho y que consistía en una red de servidores para streaming libre. Fuera de Hangar, y principalmente en Barcelona, hay varios colectivos como NeoKino, que trabajan con streaming, porque cada vez es una herramienta más accesible. Pero con software libre, como nosotros, no hay muchos y cada vez, menos.

Óscar Martín: La mayoría se han pasado a la tecnología propietaria, que tiene un uso más fácil, pero que genera una serie de contradicciones, sobre todo cuando tus contenidos tienen una naturaleza crítica y lo estás emitiendo en un contexto mainstream y capitalista, repleto de anuncios. Eso es algo de lo que nosotros intentamos huir. Creemos que tanto el contenido como la herramienta deben tener un posicionamiento ético.

Y bajo esos criterios, ¿como se organiza la actividad del laboratorio?

Lucía: Trabajamos en dos líneas principales; por un lado, el grupo de estudio, que lo denominamos de Performatividad Audiovisual y, del otro, el Grupo de Desarrollo de Herramientas Libres. A parte de eso, el pasado año desempeñamos una serie de talleres a partir de las herramientas que utilizamos habitualmente, y también se hicieron colaboraciones con colectivos, eventos o instancias que necesitaban streaming. Pero sin duda, en el contexto del laboratorio, es fundamental la creación y producción de los artefactos, porque son el resultado material de la serie de reflexiones que tenemos en el grupo de estudio.

¿Qué importancia juegan este grupo y el de desarrollo en la actividad de Minipimer? 

Lucía: Hubo un momento en el que el lenguaje se empezó a convencionalizar y, como colectivo, la particularidad que teníamos era una herramienta que en realidad era un servicio, y no tanto una producción. De ahí surgió un poco la idea de montar estos dos grupos, que al ponerse en marcha, cambiaron drásticamente la práctica del colectivo. Por un lado, porque implicaban centrarse en contenido específicos, y eso significaba trabajar con ejes temáticos un poco más en profundidad. En un primer momento, se planteaban como propuestas abiertas a la participación de las personas que quisieran venir y compartir sus ideas o conocimientos técnicos, pero luego, de forma natural, surgió la necesidad de crear los artefactos. Así, estos dos grupos tenían como nexo un eje temático  y como resultado, una máquina, que concentraba en su interior, el proceso, los problemas del mismo, los distintos posicioanamientos que habían surgido entorno al tema y un aprendizaje para poder llevarlos a cabo.

¿Son artefactos con finalidad artística?

Verónica Lahitte: Yo creo que la finalidad principal es la investigación.

Laura: Sí, y con esa finalidad se montan los grupos de trabajo. Luego, el artefacto final que producimos , que marca una línea de aprendizaje técnico, quizás sí que lo ponemos en un contexto más artístico e intentamos darle un significado o un discurso más asociado a lo artístico.

Lucía: Aunque es algo derivado del proceso de investigación, porque no son artefactos destinados a un sistema de producción concreto. Por ese motivo, creo que no todas las actividades dan como resultado algo artístico, pero eso ya depende de criterios muy personales sobre lo que es y no es Arte.

La eterna cuestión… ¡Sigo!: ¿los contenidos se pueden recuperar de algún modo o son de emisión única?

Lucia: Disponemos de una mediabase alojada en GUISS en la que vamos colgando lo menos indigno (ríen), lo que pasa un test mínimo de calidad. Y en ese espacio, es donde está también toda la documentación sobre los proyectos. Pero considero que eso es secundario, porque la potencia del streaming es lo que pasa en tiempo real. Es como una performance: está muy bien documentarla, pero lo importante es ir a verla.

¿Los experimentos que se desarrollan en Minipimer tienen aplicaciones externas reales? 

Oscar: Un proyecto llamado La caja se presentó en Lidzt, en el marco del festival Livoli.

Laura: Se dio un taller de construcción y los participantes pudieron construir una parte de esa caja.

Lucia: A parte de eso, con la finalidad de difundir lo que se hace en el laboratorio, los tutoriales de los artefactos quedan publicados en la web y quien quiera se los puede descargar, para construir su propia máquina, introducir modificaciones, etc. Esta es una práctica muy habitual. Para nosotros el OpenSource trasciende lo informático y tiene que ver con abrir los procesos de creación, producción, investigación y que todos los códigos generados en cada estadio sean plenamente accesibles a los usuarios.

Entonces, ¿alguien como yo tiene la oportunidad de crear un artefacto y no morir en el intento? 

Laura: Sí,te lo aseguro. Para empezar, todo tiene licencia Creative Commons, de modo que el acceso es libre, y por otra parte, nos preocupamos de que los tutoriales sean útiles para expertos, pero también para personas que quizás es la primera vez que usan Arduino o Pure Data. Es una política del grupo con la que todos nos hemos comprometido. Porque por lo general, en las comunidades de OpenSource, se tiende a describir las cosas pensando en la gente que sabe usarlas y las ha creado. Por eso, para evitar que los que no son ingenieros informáticos se desmoralicen, la tentativa siempre ha sido hacerlo todo muy explicativo.

Óscar: De hecho, eso tiene que ver con la filosofía amateur del grupo, que lleva a cabo un acercamiento experimental a materias tecnológicas y también teóricas. No importa tanto un acabado técnico perfecto, sino que se prioriza el hecho de poder reflexionar.

Vuestro proyecto empezó precisamente con una reflexión: ¿cuál es la relación entre la ética y la estética? ¿Y bien?

Lucía: Ciertas herramientas condicionan los resultados estéticos y tienen un posicionamiento eticopolítico en sí, como es el caso del software libre. Por otra parte, a nivel de metodologías de producción, siempre hemos intentando desarrollar formas colaborativas. Lo que se hace en Minipimer surge de un momento en el que un grupo de personas están participando activamente, de modo que la autoría individual desaparece.

Óscar: También es cierto que lo estético es algo colateral. Aparece de los procesos, no hay una preocupación estética por lo formal, ni por ajustarse a una categoría artística ya existente.

Lucía: Podríamos decir que tenemos una estética del error, que implica abrir el código del proceso de producción. Si te ha salido algo mal y enseñas qué te ha salido mal, estás mostrando el “cómo se hizo”. Esto se opone a la estética maistream de la foto perfecta, en la que se oculta todo el proceso de producción. Nosotros nos desmarcamos de esa estética impecable. Eso es un posicionamiento ético.

Tras ver las imágenes de vuestra web, el laboratorio me ha inspirado algo así como muy retro.

Lucía: Aquí dentro hay como muchas cabezas aportando muchas ideas y eso termina derivando en una una dimensión un tanto surrealista. Aunque quede grandilocuente, cuando se disuelve el yo, aparecen monstruos. Lo esperpéntico.

Laura: Y también nos gusta jugar mucho con lo cutre, lo kitsh.

Óscar: Yo lo llamaría absurdo tecnológico, una parodia de esa filia que hay en en estos tiempos por todo lo tecnológico. Nosotros tomamos esa realidad y la llevamos al absurdo, lo primitivo. Como en el proyecto de La caja, donde la interacción se reducía a un botón.

Lucía: Por otra parte, todas las herramientas que empleamos en la mezcla de vídeo analógico son de los años 70 y 80, y claro, el resultado final es muy diferente al que se obtiene con medios digitales.

Tras la estética, la ética: en vuestro manifiesto decís que buscáis “nuevos lenguajes que se liberen de la esclavitud del omnisciente OJO TELEVISIVO”. ¿La televisión es la enemiga de las minipimer?

Laura: Este manifiesto es bastante antiguo, de nuestra primera etapa, y un poco lo que se quería explicar era esa necesidad de buscar maneras no normativas de utilizar un medio, el streaming, que comparte mucho con la televisión. Nos resultó curioso comprobar que, al dar un taller de streaming, todos los participantes acababan emulando, inevitablemente, algún tipo de lenguaje televisivo; nosotros queremos desmarcarnos y pensar la herramienta de otra manera. Y no es porque estemos en contra de la televisión, sino sencillamente que creemos que por las condiciones del espacio en el que estamos, con una cámara de los 80, intentar emular la perfección de ese medio no tiene mucho sentido. Se trata de dejar de lado un lenguaje muy institucionalizado y experimentar, incluso aunque finalmente fracases.

Toda una declaración de intenciones: ¿empleáis el vídeo como instrumento activista?

Lucía: Esta es una cuestión interesante, porque creo que el grupo no ha tenido un posicionamiento unitario. Personalmente, sí me parece político emplear ciertas tecnologías, ciertas metodologías, si me parece político apoyar una estética que visualice los medios de producción, o que critica a la tecnología o la ciencia de algún modo. Hay distintos aspectos que sí pueden leerse en clave política. Ahora bien, si lo tomamos en sentido estricto, la posición de Minipimer es más relativa. Hemos estado haciendo streamings en eventos de beneficencia para ciertas causas o apoyando situaciones que sí han tenido una dimensión política, sobretodo por cuestión de género y tecnología. Pero, en general, no creo que sea un colectivo activista.

Aunque con vuestras imágenes y proyectos sí buscáis una alternativa a lo común: ¿como definiríais vuestra realidad? 

Laura: Quizás es una realidad en la que intentamos relativizarlo todo bastante, dándole un toque absurdo

Verónica: En general, estas realidades no sirven para nada, lo que cuenta es la producción del sistema, del trabajo, la inversión creativa.

Lucía: Sencillamente una serie de personas viene aquí, produce unas máquinas, y en el proceso hay una reflexión. No lo veo tanto como crear una realidad, solo un cuestión relacional en un espacio concreto.

En ese espacio, usáis técnicas como la reapropiación, el copia y pega, el compartir, el remixar, el samplear… en definitiva: la reedición. ¿La Minipimer funciona a base de deformar? 

Laura: Bueno, creo que la Minipimer y cualquier cabeza humana. Todo lo que creamos surge de combinar cosas que después distorsionas. Hacer algo totalmente original es imposible. Y eso se nota tanto en lo práctico como en lo teórico: puedes fabricar una maquina a partir de otros materiales, o leerte un artículo y elaborar tu propia teoría.

¿Esa apropiación es un rasgo propio del arte de nuestro tiempo?

Verónica: Es un rasgo que se ha acentuado, pero ya muchos artistas anteriormente habían recurrido a la reedición. Sencillamente lo que ocurre es que ahora el propio medio tecnológico, por su extensa presencia, se ha convertido también en objeto artístico, y por eso se deja notar más esa tendencia a la apropiación. El artista trabaja con lo que tiene a mano, y del mismo modo que en la tribu se usaba como pintura el jugo de las plantas, ahora se usa la tecnología por su proximidad.

Óscar: Además, hoy en día concebimos la cultura como un bien común; lo compartes todo y a la vez tú te estás beneficiando de eso. Creo que este es un paradigma cada vez más habitual, el paradigma del OpenSource. A eso se le suma un posicionamiento artístico más bastardo: hoy el artista coge lo más banal de Internet y una teoría científica muy elaborada, y así va construyendo una especie de Frankenstein.

Sugerente imagen final… Y para terminar: ¿si alguien comparte vuestros ideales y quiere participar de vuestras actividades, cómo lo puede hacer?

Lucía: Pues escribir un mail a minipimer@gmail.com y venir a Hangar los jueves por la tarde, tan sencillo como eso. ¡Estamos ávidos de nuevas colaboraciones!

Probar. Mezclar. Errar y empezar de nuevo. Si algo me llevo de esta entrevista es que Minipimer no es sólo un proyecto, no es sólo un laboratorio de vídeo experimental por streaming. Es un estado. Y una actitud. Una actitud rebelde propia de la criatura experimental, que se cuestiona una y otra vez su entorno. Nada es definitivo. Absolutamente nada. Esa es otra de las cosas que me guardo de esta travesía por Hangar, un particular aprendizaje personal: empápate de rebeldía, no seas definitivo, no asumas lo real por lo real. Es una sensación que despiertan en mi todos estos minipimer y que me animan a coger este mismo ordenador que tengo delante, conectarlo a una lavadora, echar unos litros de pintura por donde debería ir el suavizante y generar un tableau centrífugado a base de píxeles. ¡En streaming! Unos me llamarán loco. Soy solo un aspirante a minipimer.

Una entrevista de Adrián Pino