Paratext n#31 per Aldo Urbano

Paratext n#31
14 de novembre 2018

per Aldo Urbano

Iterations (Residència Projecte Europeu)
Anas (Beca intercanvi Baden Württemberg i Hangar)
Kenneth Dow (Beca intercanvi Baden Württemberg i Hangar)
Sebastián Restrepo (Beca intercanvi Taller 7 i Hangar)

 

Acudo a este encuentro por primera vez con una misión concreta: debo, con el extraño desfile de máscaras que vaya a pasar por delante de mí, encontrarle algún sentido, descubrir su orden secreto. Recuerdo que cuando era niño antes de irme a dormir hacía un repaso mental para que nada de lo que había visto durante el día quedase sin ser entendido; si tuviese que hacer esto como adulto probablemente no llegaría nunca a dormirme. Pero hoy, hoy iba allí en calidad de “detective o brujo” (como más tarde diría Sebastián Restrepo), y me sentía repentinamente en la obligación de comprender de nuevo, de que nada quedase en la oscuridad, y esa misma actitud me distanciaba y me hacía un ser extraño entre el público; el único que estaría obligado, antes de acostarse esa noche, a desentrañar el nudo de lo que había visto, o incluso el único que en ese momento creía que pudiese haber uno.

La cosa comienza. Anas Kahal es un artista sirio que actualmente reside en Alemania y está de intercambio en Hangar. Proyecta imágenes altamente elementales y por eso mismo crípticas, místicas sin duda: una puerta que se abre y cierra en loop, luego dos mares idénticos se trenzan en una sola proyección, uniéndose sus oleajes de una forma perversa, como si un suceso que debería ser uno (el mar) se bifurcara en una dualidad incómoda. Recuerdo también una manzana muy encajada en el plano, como si esa manzana fuese el símbolo de la unidad de todo lo que es, algo que ocupase tanto que no pudiese morderse. Me entristece estar proyectando mis obsesiones en lo que veo, analizando todo desde una especie de numerología en la que creo leer en cada número de elementos la cuenta de una conspiración inabarcable. Sé que son mis obsesiones, puede que no las suyas, y por eso espero a que hable.

Anas empieza a hablar. Parece que no sabe qué decir, pero luego pienso que tal vez en realidad no quiere decir, se niega a hablar, quizás en la creencia supersticiosa de que hay cosas que se pervierten si las explicas. Entonces pienso en el público como un psicólogo que quiere que hables, que no confía en mantener el velo intacto; uno particularmente perspicaz, que no solo advierte lo que se dice sino también anota las omisiones, aquellas zonas oscuras de las que no se dice nada. Y a él como a uno de esos traumatizados graves que se aferran a lo mundano, a las rutinas, a la superficie de la realidad porque si bien en desarrollar el pensamiento podría encontrar la curación, también hallará antes el terror. Anas es de Siria y el público, como un psicólogo tratando de tirar de un fleco visible, le hace la pregunta. Él no quiere convertir el conflicto de su país en algo literal en su trabajo, dice que no quiere usarlo, algo que me parece muy potente, pues entonces esa omisión será el tema. Esto me hace pensar en el libro de Charlotte Beradt (The Third Reich of Dreams, 1966) en el cual se dedicó a preguntar a los alemanes que vivieron bajo el régimen nazi sobre sus sueños, de forma subterfugia. Estos ciudadanos, que si bien trataban de llevar una vida normal (aferrarse a lo mundano como el náufrago a la tabla) y en muchos casos afirmaban no tener interés en la política, se veían sorprendidos en sueños por mensajes oníricos de alerta. Probablemente contra más se centra uno en la superficie de las cosas es cuando más inasumible resulta el pasado o más aterrorizador el futuro. A las personas que están de luto se les recomienda centrarse en los asuntos prácticos para mantenerse a flote mientras la aceptación se abre camino. En ese sentido creo que Anas propone que la salvación (la suya, la nuestra) podría estar en refugiarse en la superficie de las cosas, resistirse a elaborar el pensamiento; en pasar a través de la puerta estrecha que él proyecta y que a cada momento se abre y se cierra.

Keneth Dow es un artista de origen alemán de intercambio en Hangar, y solo empezar afirma que “tener preguntas es bueno”. Dice que en China se hizo una scooter en 33 días, y ese dato tan caprichoso obviamente activa mi sistema de alerta numerológica: 33 es la edad que tenía Cristo al morir, y para los musulmanes es la edad que tiene todo el mundo en el cielo. Empiezo a pensar que también antes la manzana era una, y que el mar que debería ser uno eran dos unidos por un espacio donde aparecía un tercer mar. Sobre el número 33 no comenta nada más, y quizás no tenía importancia, así que son líneas de pensamiento perdidas, como haces de luz que se despliegan en dirección a la nada. Pero hay algo en su trabajo de mitología juvenil, y entonces recuerdo sin querer que Dennis Hopper tenía también 33 años cuando rodó Easy Rider. Cuando mi deriva numerológica ha alcanzado su primera cúspide grave (y no será la última) reconecto con la realidad. Keneth Dow busca filmar aquellas imágenes que se encuentran en los límites de lo filmable, el terreno de lo poético donde lo mágico se vuelve natural como sucede en las fábulas mitológicas; un terreno que pertenece a la literatura y que me entusiasma que intente abordar desde la imagen fílmica. Simultáneamente se interesa, de un modo algo feroz, por la estructura de control extremo en la que estamos inseridos por las redes sociales, y habla de lo que pudo ver en China mientras iba en su moto fabricada en 33 días. Termino de escribir esto y pienso que esta última frase tiene ya la apariencia de una fábula y que, dado el carácter autobiográfico de su trabajo, sí, probablemente ya esté narrando sus experiencias como si fuese una fábula, y todo su trabajo resuene a mitos que se repiten cíclicamente en nuestra cultura. El siguiente artista hablará mucho de este terreno mitológico en el que nos movemos, ciegos.

Sebastián Restrepo es colombiano y disfruta de una residencia en Hangar desde hace unos meses. Es un ser de una desenfrenada imaginación mitológica, lo cual noto por la naturalidad con que introduce en su discurso palabras como “licántropo”; y además, a diferencia de muchos de su especie, es omnívoro, en el sentido de que encuentra rastros de mitos primigenios ancestrales en todo tipo de detritus urbanos, como lo muestra el archivo de cientos de fotografías que ha hecho durante su estancia. Escuchándole pienso que cuando viaja uno encuentra lo que ha ido a buscar: en su caso, si a él le interesaba el mito del toro blanco de Europa, aquí lo ha encontrado resumido en un calzoncillo de una tienda de souvenirs. Él también parece sospechar que hay un nudo que puede ser descubierto, y ve trazos de su presencia tanto en lo vulgar como en lo elevado: habla de conexiones latentes, de “ser el que abre puertas”, de convertirse en “detective o brujo”, buscando todo el tiempo los signos de esta conspiración inabarcable, de la que todos participamos a cada momento. Me recuerda a alguien que tratase de abrir los ojos dentro del mar, para ver lo que siglos de naufragios han depositado allí. Por otro lado, en Sebastián mis obsesiones numerológicas encuentran su definitivo cauce: por ejemplo, en su biografía el 15 de Diciembre se repite mágicamente en sucesos graves. En cuanto a la importancia o no de ciertos días y números, pienso en que hace poco fue el “estiuet de Sant Martí” (el 11 de Noviembre), y en que miré al cielo incrédulo de que a pesar del creciente caos climático ese día de otoño sea invariablemente soleado.

Recuerdo como especialmente iluminadora una de las fotografías del archivo de Sebastián en la que un grafiti decía “KONTRA EL FASCISMO, SATANISMO”. Me hace pensar en James Hillman en Pan y la pesadilla, dónde propone que el diablo no es más que la figura del dios Pan, el sátiro del mito griego, demonizado por el cristianismo y finalmente expulsado de nuestra conciencia. Pan es uno de los dioses a los que se asocia a las pesadillas, las crisis epilépticas y el pánico instintivo que estalla sin previo aviso, y sin embargo también se le atribuyen poderes curativos, así como se le asocia a determinados tipos de creatividad. En el mundo griego esta parte de nuestra naturaleza no era censurada y demonizada, sino incluida en el código mitológico y de ese modo asimilada. Hillman propone que una solución para algunos de los males que sufrimos como sociedad podría ser resucitar a ese dios imprevisible y desmedido, y es en ese sentido que veo en este graffiti una posible respuesta.

Unido a esto por la voluntad de recuperar formas de hacer que han sido anuladas por nuestra herencia católica, la sesión la cierran el colectivo Iterations, también en residencia en Hangar, las cuales empiezan con un ritual colectivo en el que se hace un bingo con palabras clave relativas a su investigación (singularities, joy, magic, porosity, etc.) y luego, con licores etiquetados con esas palabras, preparan combinados con los conceptos que cada uno escoge, como antiguas brujas que preparasen pócimas para transformar a quién lo tome, siendo el paciente quien decide qué elemento es el que le falta. Su proyecto parte de la colectividad, y se nutre de las tradiciones femeninas entorno a la magia, brujas o curanderas, ignoradas por la ciencia o demonizadas por el cristianismo.

Parece que en cierto modo ha habido una progresión en todo lo que ha ido ocurriendo, y en este punto el mito se trenza con la realidad de un modo tan inextricable que vuelvo a no verlo: para mi pócima pido ingenuo las palabras magic y transformation; mirada incrédula de quién me lo prepara, y a continuación recibo un combinado que debe sumar unos 80 grados. Comprendo que había que equilibrar conceptos, que aquello tal vez no había que pedirlo todo junto; comprendo que tomarme ese brebaje efectivamente me transformará, y quizás por vez última. Abandono con cobardía la poderosa copa en una esquina oscura, renunciando al más allá que promete, transformación de transformaciones, y me voy contento de haber entendido que efectivamente la realidad tenía un nudo que podría algún día ser desentrañado, y triste de que este vaya a seguir siendo invisible para mí.

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