El Genoma en un Microchip, con el PRBB

En el mundo de la genómica, los microarrays son los reyes. Son portaobjetos de vidrio, de unos 5 cm de largo por 2 cm de ancho, en los que se pueden colocar hasta 1 millón de ínfimas gotas, una al lado de la otra. Cada una de estas gotas, que se adhieren químicamente al vidrio, forma un punto que contiene generalmente una única sonda-un trozo de ADN correspondiente a un fragmento del genoma. Así, se puede tener una gran colección de genes, incluso el genoma entero, todo ello representado en pocos portaobjetos. Este sistema permite llevar a cabo análisis en decenas de miles de genes al mismo tiempo, mientras que normalmente debería hacerse gen a gen.

El uso más habitual de estos estudios es el de la expresión génica. Se dice que los genes ‘expresan’ cuando éstos se activan para convertirse en proteínas. En esta conversión hay unos intermediarios, los ARN mensajeros (ARNm). Cada gen produce un ARNm y estos son los que los científicos detectan para saber si un gen se está expresando. Con esta finalidad se extraen los ARNm de las células, se marcan con unas moléculas fluorescentes y se ponen encima del microarray, donde cada ARNm reconocerá su sonda-un punto del microarray-y se le unirá específicamente. Así se puede observar el microarray y ver qué puntos son fluorescentes: estos representan los genes que se están expresando.

De este modo, los científicos pueden saber qué genes se expresan en una condición determinada y a qué niveles (según la intensidad de la fluorescencia), y también se pueden comparar dos condiciones, marcando los ARNm con colores diferentes. Por ejemplo, se puede comparar la expresión génica de una persona sana y de una enferma, o en la misma persona antes y después de tomar un medicamento, y así ver qué genes se expresan en una condición y no en el otra. Todo esto da pistas sobre qué genes pueden estar implicados en la enfermedad o qué efecto tiene la medicación.

La instalación audiovisual El Genoma en un Microchip, desarrollada conjuntamente por Hangar y el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona, «captura» los rostros de los visitantes para transformarlos en patrones de colores a modo de «microarrays». Los patrones se visualizan en una gran pantalla (5 x 2m) formada por tiras de LEDs. Esta visualización de la tecnología de los microarrays está generada por la variedad de los visitantes, que se acercan a un mueble con una cámara. Mediante un sistema de computer vision, ésta detecta características del rostro como por ejemplo la distancia entre los ojos o la forma de la cara o de la nariz y toma una imagen. Un algoritmo creado específicamente para esta instalación transforma los datos de la imagen capturada en un patrón de colores. Así, las diferentes caras generan diferentes patrones, que se van sumando a la base de datos.

Cuando la instalación está inactiva, y no hay nadie capturando su rostro, los microarrays, acumulados se «animan», pasando de unos a otros en una fiesta de colores y sonido. En el monitor se pueden ver los rostros que han creado cada array, sincronizados con la animación.

Este proyecto se desarrolló en colaboración entre Hangar, centro de producción y experimentación de artes visual y el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB) con el apoyo de la Fundación Española de Ciencia y Tecnología para el Open Day del PRBB en el 2010.

Durante el 2011, la instalación se presentó en el marco de la Fiesta de la Ciencia organizada por el Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona.

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