Welcome de Ciprian Homorodean

Ciprian Homorodean

Construcción

WELCOME de Ciprian Homorodean toma en cuenta la militarización del cerro de Montjuïc convertido en un bastión defensivo en el siglo XVII. Su destino fue muy desafortunado, ya que la fortaleza se usaría para librar una batalla contra la misma ciudad que se suponía que debía defender. Más tarde fue una prisión, un sitio conmemorativo y finalmente un museo militar, también se convirtió, durante los años de Franco, en el lugar de un abominable crimen político. Asociado a tales desgracias, el castillo de Montjuïc y sus terrenos fueron  un lugar bastante poco acogedor hasta que, en 2007, la fortaleza fue devuelta a la ciudad y se convirtió en un lugar para eventos sociales y culturales.

Antes de ser un pensamiento, la hospitalidad es un acto. Un evento puro. Entra, y sé bienvenido, tú, a quien no conozco. La hospitalidad, como el perdón, se otorga incondicionalmente. Describe, más que un valor, un espacio donde este acto de invitación puede llevarse a cabo. Este espacio, creo, es el sitio mismo del pensamiento.

*Anne Dufourmantelle. « L’hospitalité, une valeur universelle ? », Insistance, vol. 8, no. 2, 2012, pp. 57-62.

Hoy en día, ser hospitalario no es algo que podamos tomar a la ligera. Mucho ha llovido desde los tiempos de nuestros antepasados, quienes elogiaban la hospitalidad y la consideraban un derecho, una obligación, incluso una virtud. Dejando de lado las antiguas tradiciones, constatamos que la esencia misma de este concepto, que siempre ha preocupado a los filósofos, se ha desarrollado y ha cobrado sentido en varias áreas de la vida social. Tanto es así, que hoy concierne por igual a sociólogos, economistas y legisladores. De hecho, la hospitalidad como noción y como práctica plantea muchas cuestiones problemáticas que se han complicado aún más con la globalización, la sobrepoblación, los conflictos políticos y el cambio climático. Como demuestra la historia reciente, dar la bienvenida al Otro no es tarea fácil.

En el presente contexto, la observación de Jean-Jacques Rousseau parece más que justificada: “Nada hace a uno más hospitalario que el tener que serlo raramente. Lo que destruye la hospitalidad, es la abundancia de invitados.” Y ¿quiénes son nuestros huéspedes actuales?, podríamos preguntar. Basta mirar a tu alrededor, están en todas partes. Son migrantes que huyen de la guerra, de gobiernos corruptos o de desastres económicos; son turistas a los que les ha vendido un paquete de vacaciones como un viaje a un parque de atracciones; son también, simplemente, los desconocidos que no piensan como nosotros. ¿A quién estamos dispuestos a dar la bienvenida en nuestros hogares, en nuestras ciudades, en nuestras vidas? ¿La solidaridad y la generosidad, son recursos infinitos? No necesitamos expresar nuestra respuesta en voz alta, y tal vez realmente no importe. Sin embargo, debemos reconocer que no hay una respuesta simple y directa. Mientras tanto, mientras resolvemos esto, construimos más hoteles, elogiamos las fronteras, izamos campamentos de refugiados, instalamos vallas y soñamos con construir muros muy altos que mantengan afuera a los no deseados. No es sorprendente que un famoso filósofo afirmara que un acto de hospitalidad solo puede ser poético. Recordando estas cuestiones a través de su interpretación del signo de hospitalidad más común, Ciprian Homorodean confiere a este pensamiento un matiz artístico.

La producción, la coordinación, el montaje y el desmontaje de toda la pieza, de 8 m de largo, 40 m de ancho y 3 m de alto, se ha llevado a cabo en los Talleres de Producción y Construcción de Hangar.

Toda la instalación está hecha con la valla que se utiliza para las cárceles. Como que el Castell de Montjuïc es un edificio catalogado y, por lo tanto, no se puede hacer una intervención que malmeta el edificio, se ha tenido que montar toda la valla a partir de cables tensores que van de un lado al otro del patio de armas. Para llevarlo a cabo, se tuvieron que construir unas piezas metálicas que abrazaban las cuatro columnas del patio y que permitían instalar los cables y tensarlos hasta fijar la valla. De la misma manera, también se fabricaron unas bases dónde iban fijados los puntales en los que posteriormente se fijaría la valla.

Este proyecto ha sido financiado por el ICUB y presentado en el Castell de Montjuïc de Barcelona.

 

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