Paratext #38 por Lara García Díaz

Paratext #38
22 de octubre, 2019
Por Lara García Díaz

Jhouyu Hsieh (Residencia Institucional Taipei)
Consol LLupià (Residencia estancia corta)
Shaotong He (Beca de intercambio Baden-Wüttemberg – Catalunya)
Simon Pfeffel (Beca de intercambio Baden-Wüttemberg – Catalunya)

 

Si considerara un título para este texto, curiosamente, sería el de Paratext. Un texto que acompaña a otros cuerpos ya enunciados, que marca posibles marcos de orientación, o que camina de la mano de otros materiales para configurar terceras interpretaciones. Las palabras que siguen funcionan bajo esos parámetros; como zonas de transición, como umbrales de mediación entre cuerpos o como coros interpretativos entre las manifestaciones que retumbaron en el Paratext n.38 en Hangar y aquello que he decidido rescatar.

Uno de esos cuerpos podría ser el de la isla Ses Rates -o la isla Redona como la llaman-, una isla pequeña que se levantaba en la bahía de Mahón de Menorca y su habitante reptil escamoso científicamente catalogado como Podarcis lilfordi rodriquezi. La artista Jhouyu Hsieh utiliza un video con su imagen y su voz para narrarnos en Patterns of Extinct Life como fue en 1935 cuando la isla Ses Rates fue dinamitada para facilitar la navegación de grandes buques y cruceros en la bahía de Mahón quedando con ello extintas tanto la isla como cualquier tipo de vida que habitara en ella. El reptil de las Pitiusas y el Ferreret, una de las únicas especies supervivientes de la fauna Plio-pleistocénica de las Islas Baleares de la que el Podarcis lilfordi rodriquezi forma parte, quedó casi extinta ya durante el Holoceno, coincidiendo con el asentamiento de los cuerpos «humanos» en las islas. La extinción tuvo como causa más probable la presión ejercida por los depredadores introducidos por esos cuerpos, entre los cuales cabe citar a los gatos, la marta y la comadreja. La extinción final del Podarcis lilfordi rodriquezi, del cual se conservan hoy cuatro ejemplares en colecciones de museos, coincide también con la actual época del período Cuaternario en la historia terrestre, o lo que Rosi Braidotti viene a denominar como la convergencia de la cuarta Revolución Industrial y la sexta extinción masiva instigada por los sujetos encarnados en cuerpo de «hombre».

Las capturas de reptiles como mascotas para su mantenimiento en terrarios en las propias islas, o para la venta y exportación ilegal, ha sido otra de las amenazas evidentes para muchas de estas poblaciones. La fascinación por conservar, domesticar o catalogar a otros sujetos en cuerpos que no sean los propiamente entendidos como «hombre» se puede encontrar ya en el s.XIV, en el que se desarrollan y se dejan muestras de una relación hombre-animal que aún nos persigue hoy día. Es posteriormente en la edad moderna cuando se empiezan a inaugurar zoológicos como, por ejemplo, el Zoológico de Viena en 1765. El Zoológico de Barcelona, sin embargo, se inaugura 127 años después, en 1892. La artista Consol Llupià utiliza su voz, su cuerpo y una maleta recién llegada de Nueva York, para sumergirnos en un viaje que nos lleva a uno de los símbolos del Zoológico de Barcelona: el esqueleto de la ballena que se exponía en la entrada del acceso de la calle Wellington del mismo. ¿Qué ha pasado con ese cuerpo expuesto en forma de cetáceo? 36 años después de que se encontrara varado su cuerpo en la playa de El Prat en 1983 y fuera trasladado y descompuesto en Barcelona, el zoo decidió retirar el esqueleto del cetáceo a un almacén olvidado en 2018 debido a su mal estado de conservación. La Ballena del Prat al Prat se posiciona como slogan de protesta y como un acto interesante de comunicación entre cuerpos extintos, o sencillamente distintos, en el que Consol pregunta con frecuencias inaudibles para el oído humano a su compañera cetácea si quiere, por fin, volver a casa.

De aquello extinto, o de la catalogación ambigua de cuerpos distintos y sus formas de jerarquización a través de la mirada y el deseo del «hombre», pasamos, de la mano del artista Shaotong He, a rememorar aquello indispensable para la subsistencia de los cuerpos encarnadas: el alimento. Del melón con vino a la tortilla de patatas, Shaotong He despliega un esquema horizontal en el que muestra las diez recetas que ha ido recolectando durante su estancia corta en Hangar. Cada receta parece haberle guiado a la enunciación de futuras propuestas artísticas que utilizan, en la mayoría de los casos, el humor como punto de partida. Colocado de espaldas, nos muestra fotografías de sus resultados culinarios e intenta establecer algún tipo de lógica esquemática para defender una comunicación circular que incluye al público, a la institución y a su propio trabajo.

Seguidamente, artista Simon Pfeffel coloca una especie de aparato en forma de esqueleto al principio de la sala y hace hincapié en como su practica ansía activar el cuerpo del receptor relegando la mayor responsabilidad en el mismo. La confianza, la resistencia o la incomodidad, son las claves que engranan su trabajo y las bisagras que van articulando su propuesta en esta sesión. Así como Consol pregunta a la ballena del Prat si quiere volver a casa, Simon nos comunica directamente su deseo por volver a la suya. Por ello, nos pide que participemos en una especie de ritual o romería en la que, gracias a la colaboración entre los cuerpos existentes en la sala, Simon da la vuelta a la manzana levitado del suelo. Por un momento, mientras observo la capacidad de acción y colaboración entre los distintos sujetos encarnados, me vienen a la cabeza el cuerpo circular de la extinta isla Ses Rates, los colores oscuros y brillantes de sus habitantes reptiles, y las frecuencias de sonido graves en las que el cetáceo de 19 metros de longitud parece seguir comunicándose. Pienso también, mientras pruebo la tortilla de patata que nos ofrece Shaotong He al final de la sesión, en el sentimiento de pertenencia de los cuerpos, en la desprotección y la vulnerabilidad de las especies en el colapso de ecosistemas, o en su capacidad de comunicación cognitiva más allá de cualquier esquematización. Volviendo a casa, me doy cuenta de la urgencia de idear fuerzas afirmativas capaces de movilizar aspiraciones de libertades colectivas y compartidas, de respeto a la biodiversidad, y de políticas ancladas en la vida cotidiana. Una aproximación, como indica Gilles Deleuze, a la producción de modelos de devenir potenciadores que nos ayuden poco a poco a ir entendiendo formas de compartir y de comunicación diversas entre distintos cuerpos que existieron, se extinguieron o siguen existiendo de formas diversas.

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