Paratext #28 por Carolina Jiménez

Paratext n#28
18 de julio 2018

por Carolina Jiménez

Claudio Correa (Residencia internacional)
Rae Yuping Hsu (Residencia internacional)
Victoria DeBlassie & Connor Maley (Residencia internacional)
Mostafa Saifi Rashmouni (Beca de intercambio HISK- Sala d’Art Jove)

Es curioso que Sergi Botella se lamente al comienzo de su texto sobre Paratext nº27 justamente de lo contrario de lo que yo iba hacerlo al principio del mío. El exceso de implicación de Sergi y la incertidumbre de hacer algo sin referencias en mi caso nos ha llevado a los dos a caer en la misma trampa (o excusa) de empezar un texto hablando de la dificultad de escribirlo. El brete de enfrentarse a un texto sin tener un tema, y más cuando se trata de escribir sobre un formato tan amplio como el de Paratext; a medio camino entre un studio visit, una conferencia y un visionado de portfolios, sin ser al mismo tiempo ninguna de tales cosas.

La propuesta que me lanzaron Sergi y Lluís Nacenta parecía en principio sencilla: asistir a Paratext nº28, que se celebraría en Hangar el 18 de julio, y después escribir “lo que yo quisiera”. Suelo definirme antes como periodista que como comisaria de arte, y jamás como crítica, así que no tardé en dejarles claro que me sentiría más cómoda presentándome como relatora de Paratext nº28 que como ninguna otra cosa: narrar desde mi experiencia de una manera más o menos ordenada sin tratar de poner en práctica la ficción de superobservadora y andar a vueltas con la (im)posibilidad de “hacer sentido”. Se trataría de un texto con una vocación más periodística o literaria que teórica. “Escribe como tú quieras”, me reiteraron. Así que aquel día, casi sin darme cuenta, estaba sentada en la primera fila de las sillas que poblaban la sala Ricson, curioseando conversaciones ajenas, haciendo algunas fotos con el teléfono y tomando notas poco fiables de lo que allí pasaba.

Son esas notas las que ahora –más de un mes más tarde– me recuerdan que Claudio Correa ya se encontraba en la sala con todo su material volcado en el ordenador con el que los artistas iban a ayudarse en sus presentaciones aquella tarde. Al rato entraban Victoria DeBlassie y Connor Maley con un pendrive para descargar lo suyo. Mientras lo hacían, Claudio y Connor hablaban de literatura. Connor le preguntaba por Bolaño, y Claudio le recomendaba a Pedro Lemebel y Alberto Fuguet.

Un poquito más de allá de las 19:00 horas, con bastante más público de lo que podía esperar para tratarse de mediados de julio, comenzaba la presentación de Claudio Correa. Lo hacía con un retrato castrense en blanco y negro de Sergio Arellano Stark, un militar chileno conocido por liderar la Caravana de la Muerte en 1973 durante la dictadura de Pinochet y uno de los principales perpetradores del golpe de Estado que derrocó a Allende. Reparé entonces en que aquel día era 18 julio, día del golpe de Estado de Franco en 1936, y me vino a la mente esa frase apócrifa que suele atribuirse a Mark Twain, que dice que la historia no se repite, pero rima. La foto de Arellano Stark me hizo pensar además que los generales genocidas suelen parecerse físicamente, y algunos, desgraciadamente, también en el hecho de morir de viejos en la cama sin haber sido juzgados por sus crímenes.

En aquella imagen, Arellano Stark lucía una ristra de medallas en la pechera. Las medallas, a pesar de su aparente silencio, cuentan muchas cosas. Instituyen el currículum de un militar. Y, además de ser objetos de memoria una vez dejan de tener vigencia en un determinado régimen, pueden revelarse como evidencias incriminatorias. Debido a esto, muchas de ellas han sido desaparecidas en el caso de los militares chilenos. Una de las piezas que nos presentó Claudio consistía en la recreación en cera, mediante la técnica del vaciado –que paradójicamente remite a la presencia del objeto– de estas medallas perdidas por la historia, evidenciando el derrumbe de la división entre objetos y sujetos en los procesos investigativos que emanan desde el arte. “El destino del objeto no ha sido reclamado por nadie”, decía Baudrillard, a lo que Thomas Keenan, desde el llamado “giro forense”, aduciría que más que ser reclamado, el objeto encontrado “puede venir a demandar que se diga lo que ha ocurrido”. En un intento de asalto contra los “secretos de Estado” y las limitaciones impuestas por toda clase de “umbrales de visibilidad”, el estudio de la materialidad de la violencia que nos propuso Claudio vino a convocar las posibilidades del arte de recrear objetos disciplinados y desaparecidos, y proponer modos, imágenes y materiales capaces de procesar, traducir y reconstruir las grietas del presente.

Del objeto como dispositivo político pasamos a la materialidad de la que estamos compuestos. Era el turno de Rae Yuping Hsu, que comenzaba su charla desvelándonos su interés por el cristal. El cristal como un material-metáfora de la vulnerabilidad de la condición humana, una noción a la que Rae interpela desde su experiencia y formación previa en el campo de la medicina de rehabilitación. ¿Qué define un cuerpo “capacitado” frente a uno “discapacitado”? ¿Cuál es la evidencia que hace que un cuerpo sea considerado “funcional” o “disfuncional”? La artista nos presentó varios de sus últimos trabajos; artefactos en continua exploración técnico-matérica que buscan cuestionar y expandir los límites de los cuerpos. Organismos que incorporan, transforman y se nutren de una multiplicidad de ensamblajes humanos y no-humanos, que le sirven a Rae para reformular las definiciones científico-médicas de la materia: del deslizamiento de la diferencia de los esquemas binarios (sano/enfermo, propio/ajeno o natural/artificial) a los procesos rizomáticos, donde la perspectiva antropocéntrica es sustituida por la necesidad de pensar devenires en constante mutación.

Victoria DeBlassie y Connor Maley se atrevieron con el catalán al tomar la palabra. Ambos viven en Florencia y han estado en Barcelona este verano investigando juntos la intrincada relación entre la lengua y la cultura catalana, especialmente en un momento como el actual. Apenas habían transcurrido unos días desde que habían llegado a la ciudad, así que para este Paratext optaron por mostrarnos algunos de sus trabajos anteriores por separado.

Recuerdo sin necesidad de tirar de mis –poco provechosas– notas la fascinación de Victoria por las cáscaras de naranja. Con ellas ha conseguido levantar varias esculturas de gran tamaño como la de su pieza “Accumulated Matter”, una investigación de la cultura material de las arquitecturas de impronta orientalista de las orangeries, una especie de invernaderos que se pusieron de moda en las residencias aristocráticas europeas durante los siglos XVII y XVIII. También nos presentó algunas de sus instalaciones generadas a partir de las cajas de plástico que se usan para transportar la fruta. A través del material residual y de deshecho (entendiendo estas categorías como constructos sociales), el trabajo de Victoria apunta a los sistemas de relaciones entre la materia y diversas modalidades de acción humana. Connor trabaja con el lenguaje. Le interesa especialmente la relación entre lenguaje, identidad y trauma como herramientas para destrabar las formas de opresión, autoritarismo y otros sistemas de privación de derechos. Aquella tarde decidió leernos algunos textos suyos donde mezcla el italiano con el inglés, y conjugó ficción con documentación real sobre los conflictos laborales producidos entre los años 40 y los 80 del siglo pasado en la industria salinera italiana.

Mostafa Saifi Rahmouni también llevaba pocos días en Hangar y pronto volvería a la HISK en Gante, donde reside. Nos enseñó algunos de sus trabajos que se componen fundamentalmente de fotografías, vídeos e instalaciones. Con él resonaba de nuevo en la Ricson la noción de evidencia. Unos cuerpos echados frente a la valla de la frontera; la botella como evidencia del uso endémico de la tortura y el silenciamiento de la disidencia en Marruecos; un pan de cobre para evidenciar la idea valor en la cultura musulmana; y los cementerios y sus grandes silencios como lugares de evidencia material de la vida. La paradoja de Fermi daba la vuelta. Y un gran silencio se hacía en la sala.

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