MantenimientoInfra 1. Hangar en residencia en Hangar.

En el contexto de arte, y en otros ámbitos vinculados a la investigación, parece que si bien no hay una definición clara de lo que es una “residencia” (seguramente porque es un concepto mutante, adaptativo y situado), sí existe un consenso operativo, una especie de acuerdo funcional sobre su modus operandi. Una residencia se define y se defiende por su uso. Estaríamos entonces de acuerdo en el hecho de que la residencia es un espacio-tiempo necesario para el desarrollo de un proceso de creación o de investigación. Es un espacio, pero sobre todo un tiempo retirado de la entrega de resultados y de las certezas; el lapso en que todavía se indagan o se buscan. Es también un intervalo en el que suceden cosas determinantes para el proceso y con consecuencias que no tienen porqué ser visibles en los resultados.

Tomando anclaje en el hecho de que el centro surgió y es en primer lugar un espacio de residencias, Hangar se propone aventurar un cambio de escala y, aplicando a escala institucional lo que habitualmente provee para artistas y colectivos, Hangar se pone en residencia en Hangar.  Y esto conlleva en primera instancia, imaginar y concretar cómo se hace eso. Lo sabremos cuando lo atravesemos. Con este tipo de ejercicios Hangar añade a su compromiso con la revisión y actualización de lo que se entiende por investigación, transferencia y producción de conocimientos, los conocimientos que se producen por la práctica.

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Hay una serie de relatos o de imágenes conceptuales que nos sirven para pensar o visualizar lo que estamos queriendo hacer. Sabemos que probablemente las estemos manejando sin el rigor y la exhaustividad investigativa de lo académico. Entre los tiempos que nos faltan está también el de verificarlo todo y ubicarlo en su marco epistémico amplio. También es posible que estos relatos o imágenes estén ya completamente modificados por nuestras proyecciones. Con los disclaimers pertinentes, nos resultan muy útiles para imaginar la práctica y para compartir lo que ensayamos.

Explicaba Jean Oury que tiene que haber una casilla vacía para que haya movimiento. Sin casilla vacía, cuando está ya todo lleno y todo previsto, la institución se bloquea, no funciona. Sin vacío ya no se puede escribir, ni pensar, ni nada.

Aunque puede resultar inquietante, en alguna ocasión Oury usó el término “precariedad” como concepto que oponía a una especie de práctica inerte. Algo así como una precariedad querida, por contraste con lo demasiado estable, las estructuras pétreas, sin movimiento. En La Borde, la clínica psiquiátrica que dirigió con Felix Guattari, habían instaurado una comisión que se llamaba el “tercero regulador” para asegurar esa apertura de espacio para el movimiento. Ante la pregunta ¿cuándo se reúne el “tercero regulador”?, Oury contestaba que era para “resolver problemas que no han podido solucionarse en otra parte, o para mantener, justamente, el vacío. Si lo queremos resolver todo, estamos jodidos”.

Esta preservación del vacío a escala del funcionamiento institucional sería luego retomada por Felix Guattari bajo el nombre de “función vacuolar”. En las células vegetales es necesaria una vacuola para que viva la célula, para que haya intercambio. La vacuola es un depósito que ocupa gran parte del espacio celular, hecho de agua y de otras sustancias químicas que –y esto nos interpela mucho– tienen una función tanto de evacuación de deshechos como de almacenamiento. La vacuola nos aparece como una zona de compostaje.

El equipo de Hangar se ha dado dos tiempos de residencia en 2022. Uno ahora, del 3 al 17 de febrero 2022 y otro momento de un mes, a inicio de verano. Lo entendemos como una residencia institucional porque lo que está sobre la mesa, como campo de investigación, análisis y producción colectivas es la institución, sus infraestructuras y sus comportamientos.

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Más allá de las necesidades concretas que puedan animar Hangar a ponerse en residencia, entendemos este ejercicio como una forma de investigación práctica que entronca con toda una serie de cuestiones sistémicas.

Nos parece

Una manera de hacerle resistencia a la aceleración y la atrofia de la imaginación que genera el no parar. Cuyo primer síntoma es que no imagina en serio parar.

Una manera de deshacer la sensación de implacabilidad de los tiempos y los ritmos.

Una manera de tomar partido a favor de los procesos colectivos –el DWO que está inscrito en el cuerpo de Hangar– para dar forma a las estructuras que nos ordenan.

Una manera de contrarrestar la petrificación institucional ejercitando su posibilidad de otra forma y aplicando la indisciplinaridad de equipo.

Una manera de abordar la sostenibilidad y la transición ecológica desde otras capas, las metodológicas, las de los hábitos. No solo como preferencias de consumo y conciencia de huella energética sino sobre todo en disposiciones e inercias pisco-prácticas agotadoras y nada regeneradoras.

Una manera de entender que reparar, adaptar o actualizar una máquina a veces requiere apagarla un momento y contar hasta 15.

 

Imagen: Luz Broto, Abrir un agujero permanente, 2015. Foto de Roberto Ruiz. Luz Broto será residente de larga duración en Hangar en el periodo 2022-2024.

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